Todos tenemos fantasmas en los desvanes, casos abiertos, armarios de la memoria sin cerrar. Unos son compañeros circunstanciales de camino, otros nos acompañan toda la vida.
La cajera del supermercado, la dueña del estanco de la esquina, multitud de clientas habituales (o no) del bar de copas en el que trabajé hace ya muchos años, aunque parezca que fue ayer (lo de “multitud” no es una exageración ni tampoco un mérito... va con la profesión de camarero), la compañera de clase que te invitó a tomar un café, la bailarina que, entre descanso y descanso, te miraba con ojos golosones, la chica que pasea su perro en el mismo parque que tú al tuyo, la controladora de parquímetros que te sonríe mientras te multa... todos estos son claros ejemplos de lo que pudo ser y no fue, bien por el estúpido y cobarde “si me hubiera atrevido”, bien por el valiente e inevitable “aquélla vez hice el capullo”.
Compañeros de viaje que, pese al correr de los años, siguen ahí, acechando, ocultos en la fragilidad de la memoria, puertas abiertas que, cuando nada ni nadie lo espera, dejan pasar a los recuerdos, sin ningún tipo de filtro ni frontera, así, “recuerdos para todos”, como si todo lo que uno guardara en la memoria tuviera algún tipo de utilidad.
A veces, las menos, estos fantasmas vuelven a nosotros, en forma de letras de canciones, olores, frases o, lo que es peor, en su forma original y real, tergiversada por el recuerdo de la almacenada en la memoria, más acorde con lo que nos hubiera gustado pero, sin duda, menos real.
Otras veces, las más, estos fugaces compañeros de camino no se presentan más que cuando la memoria decide abrir las puertas, inoportuna y perenne como siempre, recordándonos que, aunque queramos negar la evidencia, también tenemos casos abiertos esperándonos.
El tipo de casos que hubiéramos debido cerrar a su debido momento pero, por fortuna o por desgracia, debido a la circunstancia inherente a todo ser humano, elegimos no hacerlo.
Y, aunque pueda parecer dañino, a veces, conviene tener las puertas de la memoria abiertas de par en par.
¿O tal vez no?
stephanie dijo
Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerdón... a ver que va a pasar aqui con las primas... yo que entro aqui con la sana voluntad de comentar este precioso artículo y me encuentro con semejante improperio... CRIA CUERVOS... Bueno, al tema... ¿que quieres que te diga? A mi me encanta recordar, y es cierto que a veces esos recuerdos te llevan a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero tambien hay veces que es bueno abrir las puertas de la memoria para intentar no caer en los mismos errores... Ya se sabe, como dijo aquel, los sueños sueños son... pues de los recuerdos se puede decir lo mismo, no son mas que eso, RECUERDOS.2007-08-21 16:28:30
alguien dijo
Primo, no has escrito en tu vida nada más acertado que esto... La memoria a veces hace daño, pero como somos así, nos encanta regocijarnos en los recuerdos que,como bien dices, suelen ser más bonitos que la realidad. Pero oye, mis recuerdos son míos y los modifico si quiero,no...?? Besitos PD: le dices a tu prima del comentario anterior que no me plagie,que yo soy tu PRIMA con mayúsculas...jejeje2007-08-15 13:23:05
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