Este es el post que no debería escribir. Este es el primer post que escribo con la intención de que lo lea una persona concreta. El único post cuya destinataria sé que nunca lo leerá porque no sabe de mi existencia paralela aquí para poder buscarme
para reconocerme si la casualidad la hiciese tropezar conmigo en esta calle virtual.
Este es un post dirigido a una mujer que ni siquiera habla español. Una mujer cuyo paradero ahora mismo desconozco. Una mujer que vive en las arenas de Oriente y en el industrial Occidente. Una mujer que toca el cielo con la palma de su mano todos los días. Un cielo con el que por un par de días me he sentido hermanado porque esa mano ha recorrido mi piel. Un par de días en los que los labios de la mujer se posaron sobre los míos con la suavidad de una nube recién nacida, con la fuerza de una tormenta desatada.
Este es un post sobre un beso de verano. Un beso imprevisto. Un beso al que sucedió otro, y a ese, otro más provocando que el verano haya quedado roto en un antes y un después. Un antes en el que el verano era ese periodo de tiempo en el que los días son más largos, en el que el calor aprieta sobre el traje, en el que el calendario se consume hacia las vacaciones, en el que levantarse por la mañana sin el gritar del despertador, en el que hacer dibujos sobre el agua del mar. Un beso y otro más que dieron paso a un después en el que el verano es visto como un verano concreto, con nombre y apellido, que son los de ella. Un verano que deseo que permanezca para siempre inalterado en mi memoria al mismo tiempo que deseo borrarlo de mi corazón porque la distancia que me separa, y me separará, de ella, las nulas posibilidades de volver a contemplar su rostro, sus ojos brillantes, su sonrisa tímida, de escuchar su voz frágil y cristalina, de volver a sostener su mano envuelta en la brisa nocturna del Mediterráneo, de volver a sentir sus caderas marcar el ritmo de la música pegadas a las mías, me está destrozando el corazón.
¿Quién iba a decirme que sucedería tan pronto? ¿Quién iba a decirme que una mañana, aún adormecido por haber dejado la cama cuando los relojes todavía dormían, la vería tumbada al sol en una piscina, la cara anónima tras su grandes gafas de sol, su piel pálida, su cabello dorado esparcido por la tumbona, y sentiría ese pinchazo cálido en el lado izquierdo del pecho que anunció que las defensas habían sido traspasadas? ¿Quién iba a decirme que al día siguiente, al salir la luna, en medio de una multitud enfervorecida por la música, llegaría ese beso imprevisto al que sucedió otro y otro más? Esa noche supe que el cielo tiene nombre de victoria y que cuando uno menos lo espera, puede alcanzarlo. Pero al salir el sol, supe que la victoria tiene un precio, que incluso la batalla más fácil provoca víctimas, que el verano puede romperse y sus pedazos hacerle a uno sangrar.
ESTE ES EL LINK AL POST ORIGINAL:
http://paspespuyas.com/comunidad/index.php/psychonaut/2007/08/07/p1983#more1983SECCIONES
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